domingo, 30 de agosto de 2009

La tetera de Russell.



Bernard Arthur William Russell fue un filósofo, matemático y escritor británico. Russell tuvo una vida apasionada, intensa y larga. Llegó en 1950 a consiguir el premio Nobel de literatura.

En 1952 el diario Illustrated le encargó un artículo que consistiría en una clara comparación con la religión y el escepticismo de las verdades irrefutables de la misma:

"Si yo sugiriera que entre la Tierra y Marte hay una tetera de porcelana que gira alrededor del Sol en una órbita elíptica, nadie podría refutar mi aseveración, siempre que me cuidara de añadir que la tetera es demasiado pequeña como para ser vista aún por los telescopios más potentes. Pero si yo dijera que, puesto que mi aseveración no puede ser refutada, dudar de ella es de una presuntuosidad intolerable por parte de la razón humana, se pensaría con toda razón que estoy diciendo tonterías. Sin embargo, si la existencia de tal tetera se afirmara en libros antiguos, si se enseñara cada domingo como verdad sagrada, si se instalara en la mente de los niños en la escuela, la vacilación para creer en su existencia sería un signo de excentricidad, y quien dudara merecería la atención de un psiquiatra en un tiempo iluminado, o la del inquisidor en tiempos anteriores."

Fuente.

martes, 25 de agosto de 2009

Remedios alternativos?

La evidencia científica sobre la homeopatía es arrolladora: Ni ha demostrado eficacia terapéutica en ensayos clínicos controlados a doble ciego ni tampoco que su mecanismo de acción exista. Aún así el "Pues a mí me funciona" y otras falacias con la intención de defender la homeopatía siguen persistiendo.

La principal razón por la que estas falacias persisten, independientemente de la firmeza con la que la ciencia avale la ineficacia de la homeopatía, es muy sencilla: De fútbol y de medicina, todo el mundo opina. A ningún profano se le ocurriría contradecir a un arquitecto sobre dónde se colocan las vigas de un edificio, a un electricista dónde se hacen las conexiones o a un biólogo/ambientólogo sobre el impacto ambiental en una determinada zona. En medicina, sin embargo, ocurre que casi todo el mundo opina sobre enfermedades y tratamientos sin la más mínima formación, aunque sea de oídas.

Y, así, es frecuente que todos hayamos escuchado alguna vez por la calle los siguientes comentarios: "Tómate esto que me han dicho que va bien para lo que tienes", "Pues creo que fulanita tenía algo parecido a lo tuyo y tomó esto y le fue fenomenal" o "Pues a mí la homeopatía me funciona, deberías probarlo". La mayoría de estos comentarios serán totalmente infundados y poco o nada ayudarán a la otra persona. Aún así, están a la orden del día, como también lo están los curanderos y demás estafadores de la salud, porque de medicina todo el mundo cree saber.

Con la homeopatía ocurre, además, una cosa especial. Cuando afirmas que se han hechos estudios rigurosos sobre ella y en ninguno de ellos se ha encontrado eficacia más allá del placebo muchos defensores reaccionan de la misma forma que reaccionaría un creyente al criticar su fe: Bien atacando a la persona que explica la ineficacia de la homeopatía o bien recurriendo a falacias o engaños que no demuestran nada (salvo la ignorancia en temas médicos de las personas que los utilizan). Así pues, demos un paseo por las falacias más repetidas y por qué son engañosas y faltan a la verdad en su intención de defender la homeopatía.

1. Pues a mí me funciona

Sin lugar a dudas, la falacia más utilizada para defender a la homeopatía. Una afirmación que tiene "éxito" porque aflora en gente que no tiene los suficientes conocimientos médicos para conocer lo que es un placebo o una remisión natural de la enfermedad.

¿Por qué es engañosa? Los resultados anecdóticos de curación no indican, por ellos mismos, que un tratamiento haya resultado efectivo. La única forma correcta y rigurosa para saber si un tratamiento (sea el que sea) de verdad cura es haciendo ensayos clínicos controlados en un gran número de personas comparado con placebo.

¿Por qué? Por tres razones:

Porque hay muchísimas enfermedades que remiten de forma natural o espontánea en mayor o menor grado. Es decir, que sin ningún tratamiento el cuerpo humano es capaz de vencer la enfermedad por sí mismo. Como ejemplos: Gripe, resfriados, tinnitus, cierto porcentaje de asma en la infancia, algunos casos raros de cáncer... Además, muchas de las personas que acuden a la homeopatía llegan en la fase más florida o manifiesta de la enfermedad que, por su historia natural, tiende a remitir al poco tiempo en síntomas y signos independientemente del tratamiento seguido.

Porque el efecto placebo o la sugestión que produce el hecho de pensar que estás tomando algo que te va a curar potencia la recuperación del cuerpo humano frente a la enfermedad aunque el tratamiento no tenga ningún efecto por sí mismo. Las enfermedades que más susceptibles son de mejorar ante un placebo son aquellas psicológicas: Depresión, dolor, ansiedad, etc.

Porque muchos productos que se venden como homeopáticos no lo son en realidad. En ellos, los componentes con principios activos se encuentran en cantidades apreciables (gramos, miligramos, etc.) y las diluciones, de existir, son muy leves. Muchos de estos productos (que sí tienen cierta eficacia) hacen pensar que la homeopatía funciona cuando en realidad lo que estás tomando no es homeopatía sino un tratamiento convencional basado en hierbas. Como ejemplo, tenemos el Traumeel que se vende como remedio homeopático cuando la composición nos indica claramente que no lo es.

Imaginemos una persona que está tomando homeopatía y se cura de una gripe. ¿Cómo sabemos si eso se debió al tratamiento y no a la remisión natural de la enfermedad o al efecto placebo? Lo cierto es que no podemos saberlo. Y por ello, de nuevo, es indispensable la utilización de ensayos clínicos en gran número de personas para hacer comparaciones y saber exactamente el grado de eficacia de un tratamiento.

Si en los grandes ensayos clínicos se ha demostrado que la homeopatía no tiene eficacia más allá del placebo o a la remisión natural de la enfermedad, se confirma que aquellos casos de "me funciona" se deben, en realidad, a una remisión espontánea de la enfermedad o al efecto placebo, no a que la homeopatía haya tenido alguna efectividad. En esos casos, si hubieran tomado cualquier otra cosa, hubieran obtenido los mismos resultados y les hubiera "funcionado" igualmente.

Las empresas que venden homeopatía no son tontas y saben muy bien que sus aliados son la remisión natural de las enfermedades y el efecto placebo (porque sus tratamientos no tienen efecto per se). Por ello, la amplia mayoría de tratamientos que se indican son justamente para enfermedades que remiten naturalmente con muchísima frecuencia o que son muy susceptibles al placebo.

2. Pues a mi niño/mascota le funciona y en ellos no existe el efecto placebo

Está más que documentada la existencia de efecto placebo tanto en bebés, niños pequeños como en mascotas. ¿La razón de su existencia? Tal vez ellos no se sugestionen directamente por la creencia curativa de una pastilla, pero sí que conocen los cuidados y la atención que muestran los padres hacia sus hijos o los dueños hacia sus mascotas cuando están enfermos y les dan algo para que mejoren. Al final, terminan asociando que lo que están haciendo les curarán de una manera u otra.

De hecho, los estudios clínicos realizados en niños y en mascotas se hacen también con un grupo de placebo donde se aprecia inequívocamente que este efecto existe. No debemos olvidar, además, que la remisión natural de la enfermedad está también presente en los dos grupos. Así que decir que la homeopatía funciona porque lo hace en mascotas o niños sin efecto placebo es algo erróneo y falaz.

3. Pues si tiene tantos clientes, será porque funciona

Aquí llegamos a la típica falacia ad populum o ad numerum donde se afirma que una cosa tiene que funcionar si la utiliza mucha gente. Lamentablemente, esto no es así. Millones de personas pueden estar equivocadas o estar siendo engañadas. Pueden mencionarse incontables ejemplos al respecto pero existe uno muy reciente y llamativo: No hace muchos años se vendían millones de pulseras electromagnéticas en España para tratar dolores y múltiples enfermedades que no tenían ninguna eficacia. Eran una burda estafa pero tuvieron éxito.

¿Cómo podemos saber si un grupo de personas tiene razón o está equivocada? Con la ciencia. La única forma de saber si un tratamiento funciona o no es con ensayos clínicos. Todo lo demás son opiniones personales sin fundamentos. Si en aquel momento en que tanto éxito tuvieron las dichosas pulseras se hubieran requerido estudios clínicos para comercializarlo, a día de hoy muchos estafadores no tendrían los bolsillos llenos. Lo mismo que ocurriría ahora con la homeopatía.

4. Pues la homeopatía es mejor que la medicina científica porque no tiene efectos adversos

La homeopatía no tiene efectos más allá del placebo. Lo que implica que no tiene efectos por sí misma ni buenos ni adversos, en un principio. Ahora bien, no son pocas las personas que abandonan un tratamiento de eficacia demostrada para aferrarse a la homeopatía. En estos casos el peligro y riesgo para la salud es innegable y, de hecho, existen muchas personas muertas por una fe ciega en la homeopatía, exactamente más de 400 personas que se conozcan por la prensa y que podrían estar vivas si hubieran seguido el tratamiento convencional.

5. Pues la homeopatía tiene siglos de antigüedad

Aquí encontramos otra típica falacia, la de la tradición. Viene a decir que si una cosa se está utilizando desde hace mucho tiempo, debe ser porque funciona o está bien. Sin embargo, y más en medicina, esto no es así. Cuando se desarrolló la homeopatía a principios del siglo XIX por Samuel Hahnemann basó esta disciplina en los conocimientos (erróneos) que tenía sobre las enfermedades en aquella época. ¿Cuáles eran estos conocimientos? El siguiente párrafo es bastante esclarecedor:

Para Hahnemann la enfermedad no es causada por ningún agente físico discreto, sino por la falta de armonía con la «fuerza vital», así que se preguntaba «¿Ha visto alguien alguna vez la materia de la gota o el veneno de la escrófula?» Unas décadas después de la muerte de Hahnemann, Garrod demostró que el urato monosódico es «la materia de la gota» y Koch que Mycobacterium tuberculosis es «el veneno de la escrófula». Sin embargo, para los homeópatas la gota y la tuberculosis siguen teniendo su origen en un desequilibrio del espíritu.

Si hoy en día los médicos científicos aplicaran sangrías siguiendo la teoría de los cuatro humores (teoría que se utilizó durante muchos más siglos que la homeopatía) no tardarían en aparecer denuncias y pánico social. ¿Por qué, sin embargo, una disciplina igualmente errónea como la homeopatía tiene más validez que los cuatro humores?

6. Pues la medicina científica es un negocio

Esta falacia se utiliza para desacreditar a los fármacos convencionales y, así, reforzar la idea de que la homeopatía es válida y "altruista". Sin embargo, la homeopatía es un gran negocio. De hecho, su margen de beneficios es mucho mayor que las farmacéuticas convencionales. Sus preparados no contienen principios activos (pues éstos están diluidos infinitesimalmente) lo que abarata, por mucho, el coste de producción. Además, no invierten en grandes y rigurosos ensayos clínicos para demostrar la eficacia de sus tratamientos. Cosa que es necesaria para comercializar cualquier fármaco convencional.

Además, no se necesitan muchos estudios para ser comercial de homeopatía. En muchos lugares basta el graduado escolar o un ciclo formativo para ser visitador médico homeópata. Por último, hay que tener en cuenta lo caros que son los tratamientos homeopáticos con respecto a la mayoría de fármacos ¿La realidad? Las compañías homeopáticas se forran de lo lindo.

Aún así, no caigamos en la falacia. Que algo sea un negocio no implica directamente que los que lo desarrollan sean unos ogros o unos estafadores. Simple y llanamente, las industrias de homeopatía y las industrias farmacéuticas son negocios ambos, por mucho que se nieguen a pensarlo algunos.

7. Pues hay médicos que recomiendan homeopatía

Aunque la mayoría de médicos aplican tratamientos de eficacia comprobada científicamente, hay una minoría que recomienda terapias sin criterios objetivos, ceñidos a la preferencia personal. Como en todas las profesiones, hay buenos profesionales y malos profesionales. Y, en medicina, hay profesionales que aplican tratamientos que demuestran ser efectivos y profesionales que aplican tratamientos porque creen en ellos. Los segundos están mejor en una iglesia, una mezquita o un templo (lugares adecuados para la fe) que en un hospital o centro de salud.

8. Pues en algunos sistemas nacionales de salud está aprobada la homeopatía

Aquí nos encontramos una forma refinada de la falacia ad populum. En este caso, se deduce que si la homeopatía está en varios sistemas nacionales de salud, debe ser porque funciona. Una vez más, esto no es cierto. Los políticos (que son los que se encargan de estas cosas) no tienen ni idea de medicina y muchas de sus acciones están determinadas por presiones sociales, económicas, de negocios, etc... en lugar de razones científicas. Que en un determinado país se haya aprobado la homeopatía para el sistema de salud tan sólo significa que se ha tomado esa decisión sin tener en cuenta criterios científicos.

Peculiar fue el caso de Suiza donde se aprobó inicialmente la homeopatía y, tras comprobar con varios estudios que no tenía eficacia alguna, fue retirada del sistema de salud.

9. Pues si la homeopatía se vende en farmacias será porque funciona

Si las farmacias tuvieran que retirar los productos que no han demostrado eficacia se quedarían medio vacías. Es un hecho, los farmacéuticos venden muchos preparados que no han demostrado nada, simple y llanamente se venden porque hay demanda y dan dinero. Recordemos que las famosas pulseras electromagnéticas también se vendían en farmacias.

Por tanto, plantear que si se venden en farmacias es porque funcionan, no se trata nada más que de otra argumentación falaz.

10. Pues... ¡eres una vendida de las farmacéuticas!

El recurso y pataleo final: la falacia ad hominem. La desacreditación y descalificación a la persona con la vaga intención de rebatir sus argumentos. Las falacias varían entre decir que estás vendido a las farmacéuticas, que eres un prepotente o un ignorante. Suelen ser falacias utilizadas frecuentemente por aquellos más fanáticos de la homeopatía y con menos conocimientos.

Fuente.


Una buena parodia:

sábado, 25 de julio de 2009

Actitud.

Este es un buen ejemplo, de como creo que deberíamos tomarnos las cosas, así, en general.

Eres músico, estas dando un concierto y a algún despistado que no lo apagó, le suena el móvil, ¿que haces?, ¿te enfadas o te lo tomas con buen humor?

domingo, 19 de julio de 2009

Relax.

Relájate, deja que cargue el vídeo, y disfrútalo.



Vídeo realizado por Jon Rawlison en "Kuroshio Sea" el segundo tanque acuario más grande del mundo, instalado en Okinawa, Japón, con 7.500 metros cúbicos de agua.
Música de Barcelona (Please don't go)

jueves, 16 de julio de 2009

Lágrimas por una medalla.

¿Recordáis los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996? ¿Recordáis que la selección española ganó el oro en gimnasia rítmica por conjuntos? ¿Recordáis que en el pódium una de aquellas deportistas estaba llorando? Pues bien, no fueron las últimas lágrimas que derramó por la medalla. Y no precisamente de emoción. A fecha de hoy tiene 29 años. Era Tania Lamarca y es la que, junto a Cristina Gallo, ha escrito este libro.



En él explica su historia desde que empezó en la gimnasia como diversión, pasando por la alta competición hasta que la echaron porque pesaba 43,5 Kg cuando le pedían 41. Empieza fuerte desde el principio:

Quiero contar la historia de una medalla, de los sacrificios, las renuncias, la entrega, la lucha de unas niñas por alcanzar un sueño, el sueño de todo deportista: subir a lo más alto del pódium en unos Juegos Olímpicos. Pero lo que quiero dar a conocer es la historia de una mujer que salió del gimnasio sin más equipaje que un puñado de medallas en la mano y descubrió un mundo en el que tan preciados metales no servían más que para adornar la vitrina de su casa.

Ya cuando empezó en el mundillo, al hacer las pruebas para el ingreso en el equipo nacional le dijeron que no daba la talla: medía 1,54 cm. No obstante, acabaron aceptándola. Fue a vivir en una casa donde cerraban la cocina con candado. Nos habla del Emilio: un aparato negro y cuadrado por el que tenía que pasar, al igual que todas las demás. Se refiere a la báscula.

Explica su rutina de vida: desayuno-entreno-comida-entreno-cena. Explica los maratonianos entrenos que les impedía muchas veces asistir a la escuela. Y a la que había torneos, menos. Si el entrenamiento iba mal les obligaban a quedarse entrenando más incluso hasta las doce de la noche. Su profesor de Física y Química llegó a tenerles que dar clases a las once de la noche. A la mañana siguiente se sujetaba la cabeza como si estuviera escuchando y dormía en la clase. El profesor no decía nada. También se dormía en las charlas del psicólogo, aunque a este no le importaba, pues decía que su “subconsciente seguía trabajando”.

Estíbaliz, una compañera, se quejó de un pie y nadie le hizo caso. Siguió entrenando con dolor hasta que averiguaron que se había roto un dedo. Más tarde, se rompió el menisco poco antes de los mundiales, pero aun así, siguió entrenando. Impresionante.

La comida es una parte central de la historia. El elemento común era la falta de pan. Después de la cena se amontonaban en el sofá para ver la tele y a partir de las once de la noche, a dormir. A partir de esa hora no se podía llamar ni a los padres. Veían series como “Lo que necesitas es amor” o “Médico de familia” y se fijaban, sobre todo, en la comida, el zumo de naranja y los caramelos. Dice que ella no pasó hambre, pero muchas compañeras suyas sí. Les controlaban todo lo que comían. Aparte de pesarlas, les registraban las habitaciones y revolvían los cajones, armarios, camas, etc., en busca de comida. Claro, esto se traducía en técnicas como cajones de doble fondo para guardar chocolate. Llegaban a tener tanta fijación que coleccionaban los envoltorios de las chuches que se comían.

Al volver del mundial le dolían las rodillas y los codos. Estaba muy justa de peso y le detectaron bajos niveles de potasio. La solución fue para ella magnífica: ¡tenía que comer un plátano todos los días! En las mismas Olimpiadas, incluso los atletas y entrenadores españoles de otras disciplinas se dieron cuenta de lo poco que comían.

Se apuntaba en chuletas lo que iba a contar a sus padres cuando venían a verla. Los días más tristes eran los lunes después de haber estado con sus familias, lo que se notaba en sus entrenamientos. Por ello, quince días antes de una gran competición les prohibían las salidas y visitas de los padres. Explica que algunos de aquellos domingos eran demenciales: doce chicas adolescentes en una casa durante un día entero. Las horas se hacían eternas.

En los europeos, en que quedaron plata con cinta y pelotas y bronce con aros, al regresar a España, no hubo ninguna recepción oficial. Sólo algunos periodistas en el aeropuerto. Les dieron menos de una semana para estar con su familia y vuelta al entreno.

Para la preparación del campeonato del mundo, no tenían vacaciones. Su calendario laboral no entendía de fiestas, puentes, Semana Santa, verano o Navidad. Como querían ser gimnastas, estaban dispuestas a sacrificarlo. Y es que con quince años no se planteaban su futuro.

Ser campeonas del mundo no es cualquier cosa, aunque la gente se empeñase en demostrarnos lo contrario. A nadie le importó nuestra anterior victoria mundialista en Viena. Sigue sin importarles. A veces me parece que en este país todos los días se ganan medallas, que es fácil conquistar los títulos, porque se olvidan rápido de las victorias. Y no me refiero al público en general, que al fin y al cabo, se entera de lo que los medios dan a conocer, sino a los mandatarios, los responsables deportivos que exprimen a sus atletas hasta que se quedan sin jugo para después desecharlos.


En el avión para ir a las olimpiadas de Atlanta les tocó ir sentadas detrás de los futbolistas. Al hablar con ellos, se quedaron parados cuando les dijeron que entrenaban ocho horas diarias y que algunos días salían a las doce de la noche. Claro, los futbolistas lo hacen dos horas, tres en los días fuertes. Les dijeron que ellos ganaban mucho dinero, y cuando les respondieron (los futbolistas) que ganaban el dinero justo, Esti les comentó que ellas tenían la beca y ya está. Los mismos futbolistas no lo vieron justo y reconocieron el desfase abismal entre unos y otros.

Hay quien podrá pensar que quejarse por no cobrar más es algo habitual, pero cuando hay mandatarios que ganan cifras enormes con dudosa moralidad y legalidad aprovechando el esfuerzo de los deportistas para relegarlos más tarde al olvido es un tema que tendría que debatirse.

Por ejemplo, tuvieron que hacer un par de anuncios para la TV. Nadie las avisó ni se lo comentó. Aunque para ellas era un descanso, no recibieron ingresos extra, regalos ni atenciones. Era un precio, por lo que se ve, que debían pagar por tener una beca.

Al subir al pódium de Atlanta, les dijeron que se pusieran ciertos maillots con un patrocinador. Resulta que la Carta Olímpica lo prohíbe expresamente y el presidente de la federación les dijo que si les preguntaban algo sobre ellos, dijeran que había sido diseñado por ellas. Las gimnastas, por supuesto, desconocían todo esto. Habían recibido una reclamación que había estado a punto de quitarles el oro. El presidente de la federación les dijo que cobrarían un buen dinero por ello. Todavía hoy no sabe quién se benefició. Ellas, desde luego, no.

Y tampoco creáis que por estar en Atlanta pudieron estar al tanto de las otras competiciones. No podían distraerse de su objetivo, así que no vieron ni el oro de Induráin, ni la plata de Cacho, ni las medallas de boxeo de balonmano, hockey y tenis, etc.

Luego venían las exhibiciones. En una gala les pagarían cien mil pesetas (600 euros) por actuación, pero la federación se quedaba el 25% en conceptos de gastos de organización. Tampoco cobrarían nada por exhibiciones en el extranjero. Les decían que iban a percibir un porcentaje de la venta de camisetas y otros objetos conmemorativos de las medallas. Tampoco supieron nada de ese dinero.

Y por si fuera poco, las culpabilizaban. A Estíbaliz, mientras estaba lesionada, le dijeron: Tu cole cuesta dinero, tu piso cuesta dinero, tú cuestas dinero y no estás entrenando. Se sintió culpable y lo dejó. Hoy trabaja como instructora de pilates.

Explicaron a sus padres que tenía sobrepeso: medía 1,58 y pesaba 46 Kg. Si no bajaba hasta 41 la echarían. Y claro, tampoco le decían el momento en que iban a pesarla, así que tenía que contenerse incluso en los desayunos. Le llegó a dar una lipotimia. Sin importarle cómo estaba, la pesaron. La báscula dio 43,5 Kg. La echaron. Así de fácil.

La vuelta a la vida normal no fue nada fácil. Y tampoco recibió ayuda alguna de los estamentos federativos:

Siempre me habían marcado la pauta a seguir: hoy competimos aquí, viajamos allá, entrenamos acá. En cambio, nadie me advirtió que después estaría sola. Años de entrenamiento psicológico para ser la mejor, la más fuerte, la campeona y ni medio minuto de asesoramiento para enfrentarme al mundo real, para enfocar mis estudios, para buscar una profesión. Ni una sola palabra de ayuda ni un consejo para afrontar el día después.


Se encontró con 18 años teniendo que asistir a 2º BUP. Sus compañeros tenían dos años menos que ella. Creían que era millonaria por ser campeona olímpica. Nunca se integró. Quería sentirse útil, así que buscó trabajo y le ofrecieron trabajar de dependienta en una perfumería por las tardes.

¿Y qué se aprende en la escuela? No sé si ella aprendió mucho, pero tuvo que tragar lindezas como estas de una monja:

¿Tú qué te crees? Has hecho una cosa muy mal en la vida: dedicarte a algo tan insignificante como el deporte y dejar algo tan importante como los estudios.

Sin comentarios.

El entonces presidente de la federación, Jesús Méndez, dejó la presidencia para irse a Colombia como director de la empresa a la que se había donado el dinero de la gira colombiana: Con él se fueron todos aquellos contratos verbales, todas las promesas vanas que acepté en mi ingenua creencia de que los dirigentes velarían por mi futuro.

El único dinero que podían reclamar legalmente era el que la federación debería haberles pagado por la medalla de oro. Pero no creáis que lo cobró al momento: tardaron más de cuatro años en pagarle y gracias, entre otras, a denuncias de periodistas como José María García. Y tampoco os lo perdáis: querían hacerles firmar el recibo con fecha falsa para luego poder decir que las denuncias habían sido en falso. Cuando les entregaron el cheque, ningún directivo estuvo presente. Esa foto no interesaba.

Después de casi caer en una depresión, por suerte, ha podido hacer una vida “normal”:

He madurado, veo las cosas de otra manera. Soy feliz con mi modo de vida, aunque no ha sido gracias al título de campeona olímpica.

Y finaliza con una frase que da mucho que pensar: Lo mucho que siempre cuesta una medalla y lo poco que tantas veces vale.

Ya veis cómo es el retiro y retorno la sociedad en este país de una atleta con un palmarés de medalla de oro olímpica, doble campeona del mundo, dos veces subcampeona de Europa y campeona de España.

Tania tiene hoy una hija. En caso de que le dijera de mayor que quiere ser gimnasta y conseguir el oro olímpico, me pregunto qué le diría o qué le aconsejaría.

Fuente.

miércoles, 8 de julio de 2009

United Airlines me rompió la guitarra - el video

United Airlines le rompió una guitarra de 3500$, pese a que avisó previamente a tres empleados antes de facturarla. Ahora United se niega a hacerse cargo de los desperfectos.
El músico presenta la primera de tres canciones dedicada a la compañía.



Aquí la versión original.

sábado, 13 de junio de 2009

+ music

Mas música para pasar un rato, y ya que la última entrada enlazaba música de MGMT, continuo por ahí.


















Tenían que haber ganado!